Autorregulación del organismo

En la cultura occidental existe una vieja terapia, que sin duda se ha perfeccionado de forma importante a lo largo de miles de años: las ventosas. No puede existir duda alguna, actúan de forma inmediata sobre la autorregulación del organismo. Capaz de controlar procesos patológicos del cuerpo humano rápidamente y sin  ningún efecto secundario. No puede caer en el olvido ni ser descartada por el pretexto de ser anticuada, sólo porque nadie se ha tomado, la molestia de encontrar las bases científicas de sus mecanismos de acción.

La ventosa es una terapia reguladora, basada en las leyes de la naturaleza y sin ánimo de manipularlas. Representa un estímulo favorecedor de la autocuración.

Cuando exploramos la espalda de un enfermo nos encontramos con áreas dolorosas. Esto no sólo ocurre en los procesos ortopédicos, en los que el dolor procede de sobrecargas estáticas o alteraciones ligamentosas. Tampoco sucede sólo en caso de enfermos reumáticos donde existen alteraciones en músculos y articulaciones que provocan dolores espontáneos intolerables a nivel de la columna vertebral. Por el contrario, encontramos estas áreas dolorosas a la presión digital como reflejo de una enfermedad interna. Se debe a que cada órgano está  representado en la espalda en una zona dérmica/epidérmica.  Esta correspondencia procede de la ontogénesis, origen común de  los órganos y de las zonas de la espalda a partir del cordón neural.

La posibilidad de conseguir una reorganización en el  interior del organismo, mediante la corrección de las alteraciones a nivel de las zonas reflejas ha sido conocida y bien estudiada durante decenios. La acción profunda de la terapia externa puede explicarse a través del arco reflejo – cuti/visceral – viscero/cutáneo.

Las zonas más importantes para la aplicación de ventosas se encuentran en la espalda del paciente, en un orden bien conocido y registrado desde tiempos inmemoriales. La espalda de un enfermo ofrece a la mano exploratoria del terapeuta signos muy llamativos y reveladores.

Sobre la espalda transcurren las líneas divisorias de la segmentación transversal de la distribución nerviosos central del cuerpo. No obstante y de la misma manera, transcurren otras líneas de división longitudinal.

Es bien conocido por los médicos occidentales que cuando existe enfermedad en un órgano interno, aparecen puntos “trigger” específicos (zonas de irritación) en la segmentación transversal, sobretodo en la zona paravertebral. Se denominan puntos máximos Head – Mc Kenzie. Encontramos puntos máximos en la segmentación longitudinal del cuerpo, p. Ej.: en las plantas de los pies (reflexoterapia podal); en el cráneo (acupuntura craneal); en los dientes (Kramer); en el meridiano de la vejiga (acupuntura).

Ante una enfermedad en una zona del cuerpo, los puntos trigger de los sistemas de regulación que controlan esa área se convierten en puntos de alarma y es lógico que la terapia correcta de un sistema cibernético pueda solucionar los puntos de alarma de los otros.
Los puntos de aplicación de las ventosas en la espalda representan  puntos de alarma y se encuentran en zonas de confluencia del control cibernético segmentario transversal  y longitudinal del cuerpo. Dado que en la naturaleza no existen vías de sentido único, estos puntos trigger son tanto puntos de diagnostico como puntos de tratamiento. Tienen ambas cualidades.

Historia

El primer testimonio histórico fidedigno sobre la aplicación de las ventosas se encuentra en sellos médicos fabricados en Mesopotamia (3.300 a. c.). Sellos parecidos fueron utilizados mas tarde en Grecia. Allí la ventosa servía como emblema del médico. Hipócrates (400 a.c.) dio indicaciones detalladas para este método.

En los llamados “papiros veterinarios” (Egipto 2.200 a.c.) y en el Ayurveda (1.500 a.c.) existen datos sobre la aplicación de ventosas. Médicos importantes como Celso (30 a.c.) o Galeno (120 d.c.) consolidaron el método de las ventosas en textos médicos utilizados en aquel entonces y en siglos posteriores.

Las ventosas representaban el método más efectivo (y en la actualidad sigue siendo) de eliminar mas rápidamente y sin efectos secundarios el dolor de espalda.

En el siglo XVI, las ventosas se extendieron por toda Europa, importantes médicos la utilizaron. En el s. XIX el doctor Ch. Willibald, uno de los médicos alemanes mas conocidos,  prefería este método sobre otras técnicas en enfermedades oculares, pulmonares, cardíacas, dolor de espalda, y otros.

Desde el s. XX la terapia con ventosas está en manos principalmente de naturópatas y se han sanado trastornos constitucionales y de la civilización, como reuma, depresiones, alteraciones ligamentosas, artrosis, trastornos menstruales, etc.